sábado, 24 de mayo de 2014

Huellas de la ciudad.


Silencio. No sé si es incómodo o simplemente algo que acompaña a este momento. Momento en el que cruzaré y cambiará todo. Me concentro en lo que va a pasar. Cada movimiento es mucho más lento pero más marcado. Puedo distinguir cada sonido de la calle y hacerlo mío. El ruido que hacen las ruedas al pasar por los adoquines desaparece con el pulso de mi pecho.  El aire me roza con descaro, y entra con fuerza. Entrelazo palabras ajenas con una voz interior que no para de animarme. Los pies caminan solos sin miedo. Me impaciento por buscar algo o alguien que hacer conocido. ¿Por qué siento que he pasado por allí más veces? Porque ya he estado allí, ya es parte de mí. Reconozco una a una las piedras que dan forma a esa incertidumbre cada vez más certera. Atravieso a un montón de gente, y cuando digo atravesar quiero decir fundir mis pensamientos con sus ojos como si adivinasen lo que está pasando. No hace frío, pero las décimas de segundo parecen congelarse con la intención de poder revivirlas de nuevo. Actos intencionados (o no) que hacen situarme en ese lugar y creer que lo que estoy sintiendo es el principio de un cambio. Imagino en apenas un segundo lo que he sido, soy y seré mientras me alejo de mi punto de partida. Alejarme de quebraderos de cabeza que hacen que mi despedida sea intensa y se acople fácilmente al sonido de las carcajadas.

Ya está, ahora camino más firme. Es de noche. Cruzo el arco como quien decide hacer un cambio en su vida, enfrentándose a sus miedos para superarlos, o como quien lucha para conseguir su meta. Meta que se hace más cuesta arriba al tratarse de la calle empinada de enfrente. Es un primer paso, mi primera huella en la ciudad. Ciudad de cambio y de superación. He cruzado el arco más grande de mi vida, las personas a mi alrededor me han hecho sentir decidida mientras que los ritmos de esta nueva ciudad llena de encanto me han hecho entender que por fin este es mi sitio y que estos primeros cinco segundos han sido la sensación más real de mi vida.

miércoles, 23 de abril de 2014

"BIENVENIDOS A LA DESCULTURIZACIÓN"

La televisión hoy en día es el medio que más relevancia tiene en nuestra sociedad, consumiendo una media al día de cuatro horas por persona. Estos datos son preocupantes porque el tiempo que inviertes delante de un televisor no lo empleas en nada más productivo, ya que parece absorbernos por completo, hasta el punto de perder toda relación con el mundo exterior. Este distanciamiento es alarmante desde el punto de vista de la opinión pública y la forma que tiene de mostrarnos la realidad social, se crea una distorsión de esto creando un  concepto distinto. Los medios de comunicación en general provocan un conformismo social que viene acentuado por la manipulación de la información que nos presentan. Por tanto, todo contacto con esta realidad ficticia provoca un problema a corto y largo plazo.

A partir de los años 20 comenzó a cobrar fuerza la televisión, el medio de comunicación por excelencia en la actualidad. Pero con el paso del tiempo todos los avances que podría traer consigo fueron volviéndose en contra de la sociedad. Influye directamente en la educación así como en la cultura y en la propia libertad. Nos caracterizamos por ser una sociedad conformista y falta de crítica. Todo esto cobra fuerza con la ‘telebasura’, a lo que llaman programas de “entretenimiento”, un entretenimiento efímero en el que el reality (paradójico concepto) está en la cresta de la ola de la ignorancia. Esto nos presenta una realidad totalmente distinta a la que sucede allá fuera porque no es un reflejo de la realidad. Desde el punto de vista consumista todo esto sucede porque “es lo que vende”, un programa en el que alguien llore, aparezcan escenas repugnantes con tal de conseguir la risa fácil, o una discusión con otra persona enzarzándose en una pelea es lo que engancha al consumidor de televisión y por tanto más audiencia tendrá. Por lo que se lo ponemos de fácil, solo basta con presentarnos imágenes escalofriantes para tenernos contentos.  El morbo se ha convertido en un punto clave a la hora de crear audiencia y sobretodo predomina en prime time, es muy significativo el aumento de situaciones de sexo y violencia; lo que podría provocar una tolerancia alarmante hacia ese tipo de situaciones y comportamientos. A su vez nos ha convertido en personas faltas de crítica con lo que vemos. 

Pero quizás el aspecto más importante es el de la manipulación. Milgram ya adelantó todos estos acontecimientos mediante un experimento de psicología social en el que analizaba la repercusión de una orden llevada a cabo por una autoridad hacia un individuo. Pues bien, no es más que el segundo punto a analizar sobre este medio de comunicación. También lo dijo Neumann, los medios contribuyen a la formación de la opinión pública y las opiniones más dominantes nos las encontramos en la televisión, esa opinión por la que muchos individuos se rigen. Creemos lo que vemos sin ir más allá, sin  investigar por nuestra cuenta, por lo que hemos ido creando una sociedad excesivamente conformista en el que nos demuestran la  capacidad de persuasión que una autoridad mediática produce en nosotros. 


Poco a poco nos acercamos a lo que un día predijo Aldous Huxley en el clásico “Un Mundo Feliz”, una sociedad donde triunfa el consumismo y la comodidad. Una gran metáfora en forma de “futuro fatídico” en la que el autor cita textualmente que somos “Habitantes mudos pero vivos, de otro mundo”. La ausencia de crítica y libertad nos conducirá hacia las ‘desculturización’ provocada por la educación informal de la televisión.

sábado, 29 de marzo de 2014

EL TRAILER DE MI VIDA.


Mi primer recuerdo, la   m ú s i c a

Sería bobada empezar a escribir sobre mi a partir de un 12 de Octubre de 1991, porque no son más que vagos recuerdos o historietas que me cuentan mis padres en celebraciones familiares. Por eso decidí empezar con mi primer recuerdo que poco a poco se ha ido convirtiendo en el Pilar básico de mi vida.

Apenas tenía 8 años cuando mi padre me despertaba todos los fines de semana con canciones que a él le fascinaban. Todos los viajes en coche los hacía tarareando sus estribillos preferidos y que a mi directa o indirectamente me hacía escuchar. A partir de esto, se despertó en mí un interés casi innato, por mi temprana edad, por la música. Con 10 años ya tocaba la viola, o cantaba en el coro de la Escuela Municipal de Música de mi ciudad. Aquellas clases sustituirían en parte la música que escuchaba de mi padre. Aún recuerdo mi primer concierto de mi grupo favorito de "aquellos maravillosos años" en los que curiosamente me acompañaban, a parte de mi familia, amigos que hoy en día lo siguen siendo.

Pasaban los años y ese interés por la música seguía creciendo, supongo que sería por el hecho de que ya era una adolescente y para mí era mi vía de escape preferida porque poco a poco iba forjando mi personalidad. Ahora mi padre y yo tarareábamos las mismas canciones pero con la diferencia de que eran recomendaciones que yo le hacía.

La música empezó a formar parte de mí en el momento en el que muchos de mis amigos son mis compañeros de conciertos, festivales y largas horas de conversaciones sobre grupos que nos gustan "al salir de clase". Y es que no hay nada mejor que encontrar una afición y dedicarle todo el tiempo del mundo.

Mi afición forma parte de mí hasta el punto de pensar que la música es la banda sonora de nuestra propia vida y que uno mismo puede elegir cuál es en cada momento. A día de hoy quiero dedicarme a ello aunque indirectamente (y contarle a mis hijos "como conocí a vuestro padre"); me gustaría despertar emociones en la gente a través de la música para que sientan lo que yo llego a sentir con ella.

Y como decía Nietzsche y como mi padre me repetía, 


“Sin música la vida sería un error”.